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El nombre Villa Crespo proviene del apellido del intendente Municipal Dr. Antonio F. Crespo, quien apadrinó la instalación de una importante curtiembre que se hallaba entre Canning, Warnes y el arroyo Maldonado. El colocó la piedra fundamental, y como ese negocio fue muy auspicioso, los fabricantes de calzado comenzaron a llamar al lugar "Villa Crespo".
Está delimitado por las avenidas y calles San Martín, Angel Gallardo, Estado de Israel, Córdoba, las vías del ferrocarril Gral San Martín, Dorrego y Paysandú.
Una parte importante de este barrio es el arroyo Maldonado que actualmente está entubado bajo la avenida Juan B. Justo. La inauguración del subte de la línea B, modificó totalmente al barrio y le dio el actual perfil formado por altos edificios, modernos cafés y lindos negocios.
Hay varias palabras que surgen espontáneamente al evocar el barrio de Villa Crespo, y ellas son el Conventillo, el Tango y la particularidad de sus inmigrantes, especialmente los de la colectividad judía.
El primer Conventillo fue el de las calles Gurruchaga y Padilla. Lo edificó la Fábrica Nacional del Calzado, construido con cuartos y cocinas de madera para que en él vivieran sus obreros. Lentamente se fue incrementando hasta constituir la primera población de familias, hasta que se convirtió en el símbolo más característico del barrio, inspirador de los más grandes sainetes que la historia del teatro pueda recordar. Ese Conventillo, llamado "Conventillo Nacional" tenía 112 habitaciones. En él vivían inmigrantes en su mayoría españoles, italianos y judíos quienes mezclados con algunos árabes y criollos armaban tertulias y bailes donde nunca faltaban los amoríos y las peleas, que a veces terminaban con la muerte de alguno de ellos.
En cuanto a los inmigrantes, los italianos fueron los más numerosos y los primeros en llegar. Los llamaban gringos, trabajaban en todos los oficios con gran pujanza e impusieron el sainete y el conventillo. Más tarde y en menor cantidad llegaron los españoles, sobre todo los vascos, casi todos ellos trabajaban en alfalfares, hornos de ladrillos y en los cafés del barrio.
Arabes, judíos, griegos, y últimamente japoneses y coreanos, compartieron y comparten en paz el lugar, a pesar de las guerras y odios vividos en sus tierras de origen. Los árabes se desarrollaron especialmente sobre la calle Canning (hoy Scalabrini Ortíz), y desde sus comienzos se caracterizaron por la costumbre de la venta ambulante.
Los judíos forman una gran comunidad, pero dentro de ellos están divididos de acuerdo a los diferentes lugares desde donde provienen. Así una parte del barrio es llamada "Villa Kreplaj", que son los escapados, después de la Primera Guerra Mundial de Rusia, Ucrania y Polonia.
También los sefardíes colaboraron con su aporte cultural dentro de la comunidad judía. En cambio los japoneses se distinguen como los mejores en el oficio de la tintorería.
Las calles más importantes las constituyen la avenida Scalabrini Ortíz (ex Canning) y
la avenida Corrientes, que son netamente comerciales, y la casi totalidad de sus negocios son atendidos por sus dueños, pertenecientes a las colectividades árabe, judía, griega y armenia. Tiene varios
pasajes, que son Murcia, Tres Lomas, El Alfabeto y otros. La
avenida Warnes se caracteriza porque en ella se venden todo tipo de repuestos para automóviles y hay numerosos talleres que se dedican a su reparación.
La avenida Juan B. Justo, muy ancha y de intenso tránsito a todas horas del día.
La calle Gurruchaga, característica de los sefardíes, con sus pintorescos
bares "Izmir",
"Oriente" y "Franco", y sus casas de inquilinatos, que le daban un sabor oriental que supo ser aprovechado por Vaccarezza en un famoso sainete y destacado por Ben Molar quien se asombraba de la amistad entre esas tres religiones tan diferentes que eran las del "rusito" que vendía semillitas de girasol, la del "turquito", que vendía su baclavá y la del "tano" que vendía su rica pizza.
Entre las iglesias católicas, Iglesia Ntra. Sra. De la Consolación
queda en Scalabrini Ortíz 1079 cuenta con treinta y dos preciosos vitrales y una imágen de la Virgen traída de Barcelona. La
parroquia de San Bernardo, de la calle Gurruchaga 145, se destaca por "el Cristo de las manos rotas" citado por Marechal en su obra Adán Buenosayres.
La Catedral Ortodoxa Griega, Asunción de la Virgen, en Julián Alvarez es de estilo clásico pero en su interior tiene figuras bizantinas destacadas. Es muy típica y bonita y son recomendables sus procesiones de los Viernes Santo.
La Sinagoga Max Nordau, queda en la calle Murillo y el 600. El
templo judío Ajiezar Hajadashá, está ubicado en Acevedo 276.
El club del barrio es el Club Atlético Atlanta de Humboldt al 500.
Hay quienes aseguran que Villa Crespo fue la cuna del tango, pero es un tema muy discutido con otros barrios porteños, que se disputan el mismo título. Lo que si es cierto es que en él se han inspirado innumerables músicos y poetas que lo han dejado escrito en sus memorables tangos. Vacarezza afirma en su tango "Maldonado" que Villa Crespo es el lugar donde mejor se bailaba el tango.
Ese tango arrabalero, el de los compadritos de andar cadencioso, con sus pañuelos de seda al cuello y sus polainas bordadas. Muchos son los cafés exclusivos de esta música ciudadana, tan rechazada por la alta sociedad en sus orígenes y afortunadamente tan rescatada y admirada en estos tiempos, no solo por los argentinos sino también por la gente de muchos países, como Japón donde se ha impuesto.
El Salón Peracca, el café Venturita, el café ABC, el café La Puñalada, el café La Cancha acunaron sus acordes, por nombrar solo unos pocos. Entre los cantores y ejecutores, compositores de música y letras de tango están Osvaldo Pugliese Enrique Cadícamo, Celedonio Flores, Paquita Bernardo (primera mujer bandoneonista), Mercedes Simone, Pedro Mafia, Sebastián Piana, etc. Entre los escritores famosos, el barrio cuenta nada menos que con Alberto Vacarezza, donde se inspiró para escribir el más famoso de los sainetes "El Conventillo de La Paloma", que estrenado en el Teatro Nacional su protagonista Libertad Lamarque realizó más de 1000 representaciones; Leopoldo Marechal, que si bien nació en Almagro, vivió y sintió en Villa Crespo como lo describe en "Adán Buenosayres" cuando dice -las calles de mi Villa Crespo...-. También lo describe en sus libros La batalla de José Luna y Megafón o la guerra.
Se destacan personajes importantes como los artistas plásticos Raúl Soldi, Julián Althabe, Aída Carballo.
Fue este barrio también, célula inicial de la cultura para muchos profesionales, en la librería que creó el inmigrante ruso Manuel Gleizer, fue también peña literaria y funcionó en Triunvirato 537. Entre sus visitantes se encontraban Borges, Raúl Scalabrini Ortíz, Marechal, el doctor Florencio Escardó, Leopoldo Lugones, César Tiempo, los hermanos González Tuñón, Alfredo Palacios, y muchos otros. Así las cosas, Gleizer, fundó una editorial, entusiasmado por los textos inéditos que llevaban los jóvenes escritores, llegó a editar más de 270 libros muchos de los cuales son parte importante de la literatura argentina.
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